“El mayor reto es lograr que estos temas copen las portadas, que sean de verdad una prioridad y que tengan una continuidad en los medios”

Nicolás Castellano (Las Palmas de Gran Canaria, 1977) es periodista. Desde julio de 2000 desarrolla su carrera profesional en la Cadena SER y durante los últimos ocho años se ha especializado en el fenómeno de la inmigración, siguiéndolo en el archipiélago canario y en las costas de la salida de los inmigrantes o sus países de origen. En 2006 y 2007 recorre la ruta de los cayucos desde Nuadibú y Nuakchot (Mauritania) a Sant Louis, Dakar y Casamance (Senegal). Publica varios artículos en diarios como Canarias7 y El País y colabora con los informativos de Cuatro Televisión.

Harresiak Apurtuz

Los y las periodistas tienen un papel indispensable a la hora de comunicar la realidad que viven muchas personas refugiadas y desplazadas en todo el mundo y los medios de comunicación son la herramienta para hacer visibles conflictos y fenómenos, a menudo silenciados. En este sentido, de su trabajo depende, en gran medida, qué información llega a la ciudadanía y cómo llega. ¿Nos llegan las informaciones de manera contextualizada?

Si estamos hablando de los conflictos recientes o de las crisis humanitarias que castigan hoy a millones de personas la respuesta es clara,  no. No hay contexto, es surrealista que gran parte de la audiencia europea de medios de comunicación comenzara a conocer que existía una “crisis de refugiados” sólo cuando las imágenes de los niños ahogados en playas del Mediterráneo comenzaron a copar las portadas de los medios. Unas portadas que por cierto tampoco se habían preocupado de informar con la relevancia que merece sobre una de las situaciones más injustas del planeta en este momento, que la gente tenga que morir por cruzar una frontera, ya sea en la búsqueda de prosperidad o de salvar su pellejo por un conflicto. Si hay un ejemplo de la falta de contextualización es la llamada “crisis de los refugiados”, donde sólo cuando las cifras de llegada a Europa superaron todos los records en 2015 fue cuando los medios empezaron a intentar explicar una realidad que se ha venido produciendo desde hace años. 5 años de la guerra de Siria, la dictadura eritrea, la guerra de un cuarto de siglo en Somalia, la irrespirable situación de Gambia etc 

¿Cuáles son las dificultades que ha encontrado en el ejercicio de su labor como periodista en los diferentes conflictos, crisis, catástrofes naturales o fenómenos migratorios que ha cubierto y cubre?

Más allá de las dificultades de seguridad en contextos como la República Democrática del Congo, el Sáhara Occidental, el terremoto de Haití o la hambruna de Somalia, tengo que decir que el mayor reto es lograr que estos temas copen las portadas, que sean de verdad una prioridad y que tengan una continuidad en los medios. Es frustrante saber que estás escuchando a mujeres violadas en Goma con historias terribles, a una madre que está con su hijo luchando para que no se muera de hambre en el mayor campo de refugiados del mundo, el de Dadaab en Kenia, y sin embargo sus historias no tienen el espacio que deberían tener. Ellos son los que tienen las dificultades para vivir y nosotros no contamos sus historias como merecen.

A veces se echa en falta en los medios de comunicación generalistas informaciones más pausadas, que expliquen causas y consecuencias, en definitiva, noticias que no huyan de la complejidad si el tema que abordan es en sí mismo complejo, poliédrico. ¿El tiempo, o la falta del mismo, y el principio de la inmediatez al que se acogen los mass media pueden estar detrás de este fenómeno? ¿Qué piensa sobre esta cuestión?

Sin duda la dictadura de la inmediatez, la competencia “por ser los primeros” ha causado, causa y seguirá causando errores muy graves en los medios de comunicación. No se puede explicar por ejemplo un gran naufragio de migrantes en la ruta a Lampedusa o la muerte de los 15 jóvenes en la playa del Tarajal en Ceuta con el uso de material antidisturbios por parte de la Guardia Civil simplemente dando los datos y escuchando las versiones oficiales de las administraciones correspondientes. Hay que poner nombre a esos muertos, explicar de qué países y de qué circunstancias vienen y sobre todo dar datos y contexto que evidencien que nadie merece morir estrellándose contra un muro, sean las vallas de Ceuta y Melilla, el despliegue de barcos de la OTAN en el Mediterráneo, los muros legales de unas leyes de extranjería que llevan 30 años fracasando o del muro xenófobo creciente en cada vez más conciencias.

La imagen del niño kurdo, Aylan Kurdi, muerto en una playa turca, explotó en las redes sociales hace ya algún tiempo y nos situó ante la consecuencia más cruda, infame y horrorosa de la situación que atraviesan millones de personas en el mundo que ven en la huida de sus países la única posibilidad para seguir viviendo. Aunque no ha sido la única fotografía, ¿por qué está imagen empezó a remover conciencias en Europa si las migraciones de las personas refugiadas y asiladas había comenzado mucho antes?

Se han hecho muchos análisis de esa imagen, y no voy a entrar a valorar las cuestiones más especializadas que para eso ya están los grandes sociólogos y los profesionales de la fotografía. Lo que si cuestiono es cómo es posible que la audiencia masiva descubra en muchos casos en ese momento  que hay niños ahogándose en busca de una vida mejor . Hace más de 30 años que mueren intentando entrar a Europa por las diversas rutas terrestres y marítimas. Hace 30 años no funcionaban las redes sociales y no se magnificaba tanto , quizás esa sea la diferencia. En todo caso es muy triste ver como noticias tan importantes tienen un impacto tan efervescente tanto en los medios, que a los dos días dejaron de informar de ello, como en las audiencias, que enseguida pasan a la siguiente imagen viral, del tema que sea.

Suponemos que habrá asistido a situaciones duras, de riesgo, a imágenes verdaderamente crueles, pero, ¿es necesario que los medios recurran a este tipo de imágenes para explicar qué ocurre o existen otras fórmulas para hacerlo?

Esta pregunta la podría responder mucho mejor un fotoperiodista o un editor gráfico. En todo caso, la imagen de esas crueldades siempre es infinitamente inferior a la realidad. Verlo es ser consciente de ello, así que soy partidario de lo que sucede, por muy duro que sea, tiene que verse y más cuando lo que sucede es responsabilidad de políticas que llevan a la gente a morir intentando cruzar una frontera, por poner un ejemplo.

Se tiende a hablar de la crisis de las personas refugiadas, pero existen otras realidades, también muy complejas. Menas, CIEs, la Frontera Sur, las decenas de conflictos armados que se mantienen activos en medio mundo… ¿Está siendo correcto el tratamiento que se le está dando a este tipo de informaciones en los medios de comunicación? ¿Están teniendo la cobertura adecuada? 

Esta pregunta da para hablar del asunto durante días. Es la eterna cuestión que se plantean ONG, periodistas especializados y muchas universidades. Yo te la devuelvo con otra, ¿Cómo es posible que con la mayor exposición mediática de la realidad de los refugiados, reflejada como nunca antes en los medios, crezca tanto el voto xenófobo en EEUU o en toda Europa? ¿Las audiencias han dejado de entender la realidad sólo a través de lo que le cuentan los medios? En todo caso creo que todos debemos hacer autocrítica.

Hay discursos que generan mucho ruido mediático y que elevan la xenofobia y el miedo. Aquí tiene mucho que ver la terminología que se usa, las fuentes informativas, el enfoque al que se recurre. ¿Qué responsabilidad cree que tienen los medios de comunicación en el tratamiento informativo de las noticias que tienen que ver con el fenómeno de la inmigración?

Toda. Los mensajes mediáticos los construyen los periodistas y los medios donde publican. Hay medios con intereses políticos, con demasiados favores pendientes a sus fuentes policiales o gubernamentales, etc pero si hay unos medios con lo que debemos ser especialmente exigentes es con los públicos. Y lamento decir que la agencia pública de noticias más importante en español, EFE, hace flaco favor a un correcto uso del lenguaje a la hora de hablar de inmigración. Muchas veces no sé si estoy leyendo un teletipo o un comunicado escrito por un policía de fronteras.

Las personas refugiadas y las personas migrantes, quienes en definitiva inician un proceso migratorio, son, en ocasiones, una cifra. Otras veces son silenciadas, estereotipadas o estigmatizadas colectivamente sin atender a los diversos contextos que las rodean. ¿Por qué ocurre esto?

Porque seguimos categorizando a la gente. Los de aquí y los de allá, los nuestros y los otros, etc. Es una disyuntiva muy antigua, migrar es el viaje más antiguo del mundo, y sin embargo seguimos viendo a la gente según su procedencia y no según quién es esa persona. Fíjate que muchas veces a las personas migradas no se les pregunta primero el nombre sino de qué país es. Esa categorización necesita ser revisada. Tenemos que acabar de entender que el mundo cambió hace tiempo y que queramos o no este será un mundo diverso en el que en cualquier lugar vivirán muchas personas de todo tipo y condición. Tenemos que elegir si aprovechar la oportunidad de aprovecharnos de la diversidad para ser mejores o si volvemos a tropezar por enésima vez con la piedra del racismo y la xenofobia que han dado lugar a algunos de los peores episodios históricos de la humanidad.

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