El feminismo islámico, un acercamiento

Maya Amrane, integrante de las Asociación Munduko Emakumeak Babel

Si el Islam debe responder a una época y un lugar en concreto, como las otras religiones, al mismo tiempo que debe permanecer coherente con sus objetivos, debe leerse de un modo que cobre sentido en el contexto social de cada momento.

Así resume Margot Badrán, historiadora especializada en movimientos de mujeres en el mundo islámico, lo que constituye uno de los puntos de partida del pensamiento feminista islámico: una visión dinámica del Islam.

El uso del término “feminismo” junto con el adjetivo “islámico” genera interrogaciones, escepticismo, sorpresa… ¿El feminismo puede ser “islámico”? Como menciona Abdennur Prado, miembro de la Juntas Islámica Española,  en su ponencia inaugural del I. Congreso Internacional de Feminismo Islámico celebrado en Barcelona en 2005, es necesario “abrir el feminismo” reconociendo que existe una realidad plural. “El feminismo no es un movimiento monolítico, sino una serie de propuestas tendentes a la consecución de la igualdad de género, que se enraíza en la historia concreta de las mujeres y adopta diferentes expresiones según las circunstancias.” Este movimiento se sitúa por lo tanto como parte integrante del feminismo global con la particularidad de que se basa en el Corán como fuente de igualdad entre mujeres y hombres. Valentine Moghadam, académica de origen iraní y especialista en redes feministas transnacionales, citada en la conferencia de Prado, aporta elementos clave de definición:

“El feminismo islámico es un movimiento reformista centrado en el Qur’án, realizado por mujeres musulmanas dotadas del conocimiento lingüístico y teórico necesario para desafiar las interpretaciones patriarcales y ofrecer lecturas alternativas en pos de la mejora de la               situación de las mujeres, al mismo tiempo como refutación de los estereotipos occidentales y de la [pretendida] ortodoxia islamista. Las feministas islámicas son críticas con el estatus legal y la posición social y reconocen que las mujeres están situadas en posiciones subordinadas -por ley y por costumbre- en la familia, la economía y la política. En particular, ellas son críticas con los contenidos de las ‘leyes de familia musulmanas’ y con los modos en los cuales estas leyes restringen los derechos humanos de las mujeres y privilegian a los hombres. Y ellas rechazan la idea de que el Islam esté implicado en este estado de cosas. Su argumento alternativo es que el Islam ha sido interpretado a lo largo de los siglos (y especialmente en los tiempos recientes) de un modo patriarcal y a menudo misógino, que la llamada ley islámica o sharia ha sido mal comprendida y mal aplicada, y que tanto el espíritu como la letra del Qur’án han sido distorsionados. Su insistencia en que aquello que es presentado como ‘ley de Dios’ es de hecho una interpretación humana constituye un audaz desafío a la ortodoxia contemporánea.”

Como discurso y como práctica, el feminismo islámico se nutre de esfuerzo intelectual de académicas pero también de activismo en el terreno de militantes presentes en entornos de mayoría musulmana así como en países donde el Islam es minoritario. Las necesidades y las agendas varían según cada contexto. Los desafíos son enormes teniendo en cuenta la realidad compleja que vive el mundo islámico hoy.

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