Dibujo del alma

Helena González Sáez, responsable del Taller de Arte de la Asociación Zubietxe

“¿Qué busca el alma?: Ficciones que curen” (James Hillman)[1] ¿Por qué el arte constituye una actividad inclusiva e integradora?  ¿Es realmente al arte a lo que nos referimos? ¿Qué tiene el arte que lo dota de un poder maravilloso y que lo hace capaz de cohesionar la desintegración en la que vivimos?

Es posible que no estemos hablando de arte exactamente, o al menos que no nos estemos refiriendo a ese lugar que es señalado como arte por sus agentes culturales contemporáneos. Porque arte es muchas cosas, y no es lo mismo un gran museo, que una galería, un proyecto pedagógico o el trabajo de un artista en su estudio. No es igual la academia occidental del arte, que la academia africana, o la academia del arte navajo.

Lazos de unión

En esta contemporaneidad voraz, algunas personas trabajamos para la inclusión social, a favor de la integración, por una participación igualitaria en una sociedad igualitaria, buscamos la cohesión social: lo propio en lo común, lo común en lo íntimo. Lazos de unión. Hablamos de integrar e incluir, combatir la segregación, o al menos resistirnos a ella. Se repiten tanto las palabras exclusión e integración, que se vuelven sospechosas, parecen coartadas de algo que se escode tras ellas. A estas alturas ya nos hemos dado cuenta de que nuestro trabajo consiste en paliar aquello que la palabra integración enmascara: un proceso cultural que no afecta solo a personas desfavorecidas, en situación de vulnerabilidad…etc., sino que arrastra a toda la sociedad hacia el aislamiento. Un proceso cultural que tiende a aislarnos en nuestra subjetividad, como si esta fuera la última Tierra Prometida, como si la Vida entera fuera una cuestión subjetiva, personal, intransferible, intransitiva. Lo que paliamos como podemos, es esta verdadera desintegración que nos afecta a todas.

Lo que el arte trae consigo y que detectamos como ingrediente precioso cuando se pone al servicio de sí mismo, no es otra cosa que aquello que escapa constantemente del dominio del discurso de turno. Aquello que escapa a veces, no siempre, en la creación de imágenes -de la que el arte es tomado como Via Regia-, aquello que escapa y excede a la forma como cápsula infalible para inocular doctrinas. Me refiero a la imaginación.

En la imaginación el exceso siempre es virtud, aunque esta idea nos haga temblar. Y de la imaginación: imágenes. Las imágenes son el resultado de un proceso complejo en el que la imaginación es la fuente de las ideas y de la vida. De aquí viene la capacidad performativa de la creación imaginaria.

Nuestra relación con las imágenes hace tiempo que se aparta de su inherente autenticidad. Las imágenes ya no son aquello que adoramos, sino que son portadoras de mensajes, meras representaciones. La imagen como poderosa representación, reconocemos su poder, un poder con el que convivimos haciendo como que no es relevante en nuestras vidas. Parecemos vivir en un flujo de imágenes libre, en cuanto a su formulación, pero la realidad es que las imágenes que vemos y que producimos habitualmente están férreamente controladas por un poder ejercido en términos de dominación.  Tomamos las imágenes por lo que representan, desde hace tantos años que se nos ha olvidado que las imágenes son lo que son. Y por esto algunas nos llegan al corazón, sin pasar por las palabras.

Nos gusta ser tocadas por las imágenes. Nos gusta que las imágenes nos toquen el corazón. Para el corazón y sus cosas -las cosas del alma- decimos no tener palabras y sin embargo reconocemos que eso es algo que nos une, algo que une a seres humanos de culturas distintas y procedencias sociales diversas.  Es la visión poética de las cosas lo que nos une. Convirtamos la visión poética en visión política.

El territorio de la imagen es el territorio de la imaginación, de la fantasía, del alma. Hace años que cedimos este espacio a empujes culturales que premian el pragmatismo y la literalidad. Lo razonable está muy bien si se conocen y se respetan sus límites, pero es letal si perdemos de vista que la razón es un instrumento y la consideramos como paradigma de una realidad completa. La realidad es un pacto cultural en el que la imaginación libre, performativa, profunda, debe transitar arrojando luz sobre lo que nos une, haciendo aflorar a nuestro entendimiento las raíces oscuras en las que se soporta la sociedad humana.

Espontaneidad antes que academia

La imaginación es una de las capacidades más peligrosas para quien simplemente quiere mandar. Por esto: El odio a la imagen, el temor a su poder, y a la imaginación, es muy antiguo y muy profundo en nuestra cultura -dice James Hillman.  Efectivamente: nos relacionamos con unas imágenes repetidas, controlados, amaestradas, estudiadas al milímetro para el adiestramiento en los mantras de la desintegración, cáscaras vacías portadoras de significados obsolescentes.

Quizá hayamos coronado a la creación artística en el trono usurpado a la imaginación, al alma. La veneramos incluso con exaltación, la elogiamos como cumbre de lo humano. Y está bien, así será mientras esté conectada con el alma. Porque la desconexión de lo que nos une, la desconexión de este ánima mundi, su represión y su negligencia es lo que convierte en desastre aquella intención filosófica contenida en los inicios de la Globalización. Si no atendemos el hecho irrefutable de que todas las personas estamos conectadas por las raíces (como los árboles), por el alma, lo que era oportunidad se vuelve abuso, masacre, sufrimiento innecesario.

Nuestra orientación está marcada por esta necesidad y nuestro rumbo es claro: espontaneidad antes que academia, imaginación antes que pensamiento, la cosa (la imagen) antes que el significado, la imaginación antes que el pensamiento, el alma antes que el yo.

Buscando espontáneamente en nuestro corazón encontramos una puerta por la que accedemos al corazón del mundo. En esta búsqueda nos ocupamos en el Taller de Arte de Zubietxe.

[1] James Hillman, El pensamiento del corazón, Siruela, Madrid 1999

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *